Etapa
de Alfonso II, el muro del atrio catedralicio: El
hijo de Fruela I, asentado definitivamente en el poder, retoma, en torno
al año 800, la iniciativa paterna, que perfecciona finalmente
en 812, año en que otorga donación solemne del conjunto
de sus fundaciones al episcopado y clero de Oviedo. Dichas fundaciones
comprenden iglesias, casas, edificios en general, un acueducto,
y un muro que, se señala expresamente, rodea el conjunto edilicio,
siéndole atribuible, por tanto, carácter defensivo. Por
tanto es la muralla de Alfonso II, la primera de la que existe constancia
documental, habiendo sido objeto de atención por parte de los
historiadores a partir de la época moderna. Así , Luís
Alfonso de Carvallo (CARVALLO, 1988), la considera estructura defensiva
débil y de escasa entidad, identificándola Ambrosio de
Morales (MORALES, 1977), con un muro edificado para la defensa de la
catedral de San Salvador, sin mayores precisiones.
Será
a partir del s. XX cuando comiencen las especulaciones en torno al
trazado del perímetro defensivo recorrido por la misma,
existiendo tres hipótesis principales, correspondientes a sendos
autores.
Fortunato
de Selgas (SELGAS ALBUERNE, 1908), supuso que la traza de la cerca se
ceñía estrictamente al espacio definido por los templos
integrantes del conjunto catedralicio: los templos de San Salvador, Santa
María y San Tirso, y los edificios necesarios para el alojamiento
y manutención del clero al servicio de la catedral, así
como un "amplio espacio", que define como cementerio, y que sitúa
en el lado O. del conjunto. Para Selgas, la subsistente torre de San Tirso,
y la torre vieja de San Salvador, serían baluartes de la muralla,
lo que da una idea de las dimensiones extremadamente reducidas del conjunto
que propone, que por el E. se cerraría a escasa distancia del ábside
catedralicio, por el N. hay que suponer que inmediato al templo de Santa
María, y por el O. inmediato al imafronte de San Tirso. Aunque
el trazado de la muralla que propone define la tipología clásica
de una «civitas
episcopal», no tiene en cuenta las pistas suministradas por la documentación
medieval, de la que ya entonces disponía, y que invalida el trazado
que propone para la cerca.
Ricardo
Casielles (CASIELLES, 1956), propone un trazado más amplio, que
apoya para su ubicación en diversos indicios documentales
de diferentes épocas, desde la Edad Media a la moderna, y que pueden
considerarse, en general, fiables -aunque no todos fueron interpretados
de modo correcto por el autor- dando como resultado un trazado que define
con aceptable precisión lo que debieron ser los límites
del atrio catedralicio, o sea, de la «civitas»
de Alfonso II, y que rodearía los templos del conjunto catedralicio,
así como el palacio episcopal, siguiendo por el S. el trazado de
la actual calle Canóniga (que en la Edad Media recibía el
significativo nombre de "Barredo", aludiendo a un cierre defensivo), continuando
al O. del imafronte de San Tirso, doblando al N. en paralelo al límite
de la basílica de Santa María, y hacia el E. siguiendo el
trazado de la actual calle de San Vicente, dejando al interior de la misma
el monasterio de San Vicente, y terminando en el entronque de Canóniga
con San José (donde, en opinión del autor se conservaría
uno de los muros laterales del "arco viejo de Regla", reutilizado como
muro medianero de una finca particular), donde comenzamos el recorrido
de la misma. El trazado que define Casielles con su muralla, pese a contar
con una vacilante argumentación en algunos puntos, ofrece un perfil
oblongo que es el más realista, a nuestro parecer, de todos los
posibles adscribibles al muro de este monarca.
El
profesor D. Juan Uría Ríu, en una obra clásica
sobre los primeros siglos del urbanismo ovetense (URÍA RÍU,
1967), diseña un modelo de muralla basado, al igual que el de
Casielles, en las referencias documentales, y que solo difiere del de
aquel, en la concepción de su traza: la de la muralla de Uría
se basaría en la aplicación de estrictas reglas de agrimensura,
de lo que resulta una muralla de perfil rectilíneo; la de Casielles
–que abarca prácticamente la misma superficie- en un trazado
que sigue el perfil orográfico de la colina Ouetdao, resultando
un perfil oblongo.
La muralla de Uría podría corresponderse, en su lado O,
con el fragmento de muro, de aproximadamente 1.5
m. de
espesor y unos 3-4
m. de
longitud, hallado en seguimientos arqueológicos de obras en la
década de 1990 frente a la capilla de La
Balesquida,
y que seguiría el perfil de las calles Rúa y San Juan,
definiendo el trazado de la muralla en dirección N. El resto
de la traza de este muro, hipotéticamente, seguiría en
dirección E., por el interior de la línea marcada por
la actual calle de Jovellanos, hasta el entronque de esta con la calle
de San Vicente, donde, a decir del autor, doblaría en dirección
S., siguiendo, también por el interior, el trazado de dicha vía,
hasta la
Corrada del
Obispo, donde doblaría de nuevo, en dirección O., a encontrarse
con el lienzo del lado O, donde comenzamos.
El
trazado de esta muralla es probable en su lado O., aceptable para sus
lienzos N y S., y discutible en el E. Por esta parte, extraña
que la muralla se construyera dejando fuera la actual vía de
acceso, máxime cuando, muy próximo por el E., se encuentra
un pronunciado desnivel que recorre, por dicha parte, todo el perímetro
de la colina. No trazar el muro arrimado a dicho terraplén constituye
un grave error desde el punto de vista de la poliorcética, de
difícil explicación, pues, al construir el muro se trataría
de proteger el acceso al interior de la ciudad, aprovechando los obstáculos
naturales existentes. A este respecto, se ha identificado, recientemente, como “bastión”
de este supuesto muro propuesto por Uría, la estructura aparecida
en el paño E. del claustro moderno del monasterio de San Vicente
(actual museo arqueológico provincial), consistente en un muro
de sillarejo, de traza semicircular, apoyado en un zócalo de
mayor grosor, a cuyos lados N. y S. no se encontró –como
seria de esperar caso de tratarse de la muralla- la lógica continuación
del trazado del la misma.
En su tesis sobre el Oviedo Antiguo y Medieval, el
profesor D. Vicente José González García,
interpreta los mismos indicios documentales en otro sentido, dando a la
muralla de época de Alfonso II idéntico trazado al de la
muralla erigida en el s. XIII por orden de Alfonso X, que por tanto
considera una restauración. Esta interpretación presenta
la evidente dificultad de obviar la documentación medieval que
indica la existencia de un trazado murario anterior, situado al
interior de la muralla que propone, la cual, en todo caso,
debería atribuirse a Alfonso III.
Por
último, Juan Ignacio Ruíz de la Peña e Isabel Beltrán
(R. DE LA PEÑA, BELTÁN SUÁREZ; 2007), proponen
una variante combinación de varias de las anteriores hipótesis,
resultando una muralla con el trazado sur y oriental propuesto por Uría,
el occidental que coincide con el propuesto por Selgas, dejando fuera
del atrio la iglesia de San Tirso, y extendiéndose, por el N.,
hasta coincidir con los vestigios de muro altomedieval conservados en
la calle de Jovellanos, que por tanto identifican como pertenecientes
al muro de Alfonso II.
A las dudas que suscita la interpretación como obra defensiva
del supuesto "bastión" descubierto bajo el claustro moderno del
monasterio de San Vicente, hay que sumar la interpretación arbitraria
de San Tirso como iglesia ajena al complejo catedralicio, basándose
únicamente en su posible carácter de "capilla palatina"
asociada al palacio de Alfonso III, así como resulta también
arbitraria la interpretación de los restos altomedievales de
la muralla N. como pertenecientes al muro de Alfonso II.
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Etapa de Alfonso III, el muro de la «Civitas Regia»: Alfonso
III, desde que asciende al trono, acomete importantes tareas edilicias
consignadas por las Crónicas: la restauración de los
templos y "la edificación en Oviedo de una ciudad con regias aulas".
De hecho, dentro de estos trabajos, los cronistas historiadores de
época moderna, como Luis Alfonso de Carvallo (CARVALLO, 1988),
le atribuyen las murallas "altas y almenadas", que podían
contemplar en su época, a finales del s. XVII.
Sin embargo, para los historiadores del s. XX, tras Alfonso II no se acometieron
nuevas obras defensivas integradoras del más que probable crecimiento
de la población: Uría (URÍA,
1967), considera clara la alusión
documental en la donación regia del año 896, en el sentido
de la situación extramuros de Oviedo del palacio de Alfonso III ;
Santos García Larragueta (GARCÍA LARRAGUETA, 1962), estudioso
de los documentos altomedievales de San Salvador, considera que, si existió
un nuevo sistema defensivo atribuible a Alfonso III, este nunca tuvo carácter
global, y se limitó a cerramientos puntuales y dispersos;
En
función de estas argumentaciones e interpretando la documentación
medieval, Ricardo Casielles traza una cerca adherente a la de Alfonso
II por el NO. que se limita a cercar el palacio de Alfonso III, enlazándolo
con la fortaleza adyacente atribuida a dicho monarca. Se configura en
una estrecha faja amurallada, que corre hacia el O. siguiendo el trazado
de la calle Jovellanos por el N. con su límite O. en la mencionada
fortaleza, para volver hacia el E., a encontrarse con el muro de Alfonso
II, siguiendo el trayecto de la actual calle Schultz, antigua vía
ante el palacio de Alfonso III.
Dicha hipótesis es válida para definir el lado N. del recinto
murado de Alfonso III, pero a día de hoy está superada,
debido al hallazgo, en excavaciones en la calle Cimadevilla (Calleja de
los Huevos), en 1992, de un lienzo de muro, situado a unos 3.5 m. al N.
de la muralla del s. XIII, que probablemente se corresponde con el lienzo
O. del muro de Alfonso III, que iba a enlazar con la fortaleza. |