Reseña histórica del Oviedo Altomedieval
Ficha histórica

Pulsar sobre el texto en el plano para ir al monumento o localidadEtapa romanaEn julio de 2008 ha aparecido, en la medianera de dos de los edificios afectados por la reforma de ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias, inmediata a la calle de la Rúa, una estructura hidráulica, alargada,  con orientación O-E, que consta de un manantial -por el que, en su día, afloraría el agua a presión-; un receptáculo cuadrado, tallado en la roca, donde se supone se hallaría algún tipo de estructura de piedra, a fin de realzar el afloramiento del agua;  un canal, provisto de un caño de piedra para recoger el líquido -de magnífica talla, en gran formato muy bien conservado-;  y, por último, un canal de desagüe, del que se conservan unos 8,5 m. Estos elementos se encuentran circundados, por los lados N. y S., por una especie de deambulatorios, de alrededor de 1,5 m. de anchura. Todo lo conservado se encuentra realizado directamente en la roca, cajeada y tallada a fin de conformar todos y cada uno de los elementos citados, excepto el caño, alcanzando unas dimensiones totales de unos 4 (N-S) x 12 (O-E) metros.
La datación de esta estructura en el s. IV, ha llevado a especular acerca de la posible existencia de la ciudad en época romana. Acerca de esta posibilidad, nunca ignorada por ninguno de los investigadores de la historia ovetense, hay que decir que, no obstante la presencia de elementos arquitectónicos de clara raigambre romana, sobre todo en los edificios situados al S. de San Salvador: sistema de cimentación a base de grandes bloques de piedra -zarpas-, umbrales pétreos de carácter romano, presentes también en Mérida y Julióbriga, sorprende la total ausencia de materiales característicos de la concreta época histórica de ocupación romana, en lo que es el núcleo de la ciudad medieval: cerámica sigilata, lámparas, monedas...
Todo ello, indica, en principio, la continuidad de los usos, técnicas y materiales constructivos en una época -la altomedieval-, posterior a la desaparición del modo de vida romano.
Ahora bien, la población del lugar en época romana está asegurada -ya lo estaba con anterioridad al hallazgo de la fuente-, debido a la indudable presencia romana en los alrededores de la ciudad: villa excavada en el lugar de Las Murias de Paraxuga (facultad de Medicina), restos romanos de Fitoria, Villamejil; topónimos correspondientes a posesores de villas: Constante (en el lugar donde, en el s. IX, Ramiro I construyó Santa María de Naranco, en cuyo altar se señala el hecho de la restauración de una morada consumida por su antigüedad), Villamorsén, Loriana. Vidayán, Lúgido, Cerdeño, etc. Pero esto no indica necesariamente la existencia de una ciudad. De hecho, no se han hallado trazas de urbanismo romano en Oviedo.
Por otra parte, nosotros venimos defendiendo, desde 1993 al hablar de los accesos de Foncalada, que las calles que forman el eje vertebral N-S de la ciudad medieval: Cimadevilla-Rúa-San Juan -desde donde se accedía a Foncalada-, se corresponden con la vía romana que desde Legio (León), se dirigía a Gigia (Gijón), y que, inmediata a la ciudad medieval (antigua calle de Traslacerca actual Jovellanos), se cruzaba con otra, de trazado E-O, que enlazaba el centro con los extremos oriental y occidental de la región.
Es, por tanto, perfectamente factible que, según los usos de la época, a la orilla de la vía -y aprovechando la presencia de los numerosos manantiales existentes en la colina-, se situase una, o varias, fuentes, donde, además, y siempre de acuerdo con los ritos religiosos vigentes en la época de la Tardo-Antigüedad, se rindiera culto a las aguas, como así parece, además, atestigüarlo el topónimo, prerromano, Ouetdao (de Oue, agua y tdao=tao, alto), que vendría a significar "colina del agua". Ello, aunque evidentemente implica poblamiento, no conlleva necesariamente la existencia de una ciudad, y sí, probablemente, la de un tipo de establecimiento, de tipo evergético-religioso, aprovechando la necesaria atención debida a los usuarios de la vía de comunicación.
Pulsar sobre el texto en el plano para ir al monumento o localidadEtapa fundacional: es la históricamente más oscura. En 761 se fundó, al parecer, una comunidad monástica consagrada a San Vicente levita y mártir en el lugar ya de antiguo conocido como Ouetdao. Al respecto es interesante reseñar cómo, para su fundación -llegada hasta nosotros en un documento tardío-, posiblemente se aprovechasen estructuras anteriores abandonadas (de hecho, en el documento fundacional, otorgado expresamente 20 años después de la llegada de los monjes al lugar, se alude con insistencia a que éste se encontraba despoblado y "hecho monte", lo que invita a pensar en la pretensión de los monjes de adquirirlo mediante la conocida figura del derecho romano conocida como Usucapio, o prescripción adquisitiva de la propiedad).
 Con anterioridad a su asesinato en 768, a manos de sus primos, el rey Fruela I funda una basílica consagrada al Salvador y a los doce apóstoles, y otra consagrada a los santos Julián y Basilisa. Estos dos hechos, han sido tratados como independientes por la tradición histórica, pero han de estar necesariamente conectados, pues no parece en absoluto casual, que la fundación por parte de unos particulares de un supuesto "monasterio", coincida con una fundación de patrocinio regio que, por su importancia, sólo puede tener como destino la creación de una sede episcopal. Los intereses dinásticos de la familia de Pedro, duque de Cantabria, enfrentada a la de Pelayo, unidos a los propios anhelos de independencia de los monjes de San Vicente respecto de la sede catedralicia, fructificaron en la tradición, según la cual, el monasterio de San Vicente sería la primera fundación en el solar de la futura ciudad.
Pulsar sobre el texto en el plano para ir al monumento o localidadEtapa de Alfonso II, la "Ciuitas Episcopal": Tras el asesinato de Fruela I, sus sucesores pierden el interés por el naciente enclave, volviendo en principio a la antigua "capital" de Cangas de Onís, desplazándose luego en función de sus propios intereses raíces, primero al valle del alto Nalón (Aurelio I), y posteriormente al enclave costero de Pravia (Silo). A la muerte de Silo, casado a la sazón con Adosinda, hermana de Fruela I, ésta, en unión de sus parciales, nombran rey a Alfonso II (hijo de Fruela I y de la alavesa Munia), y sobrino suyo. Éste, desplazado de Asturias por su tío Mauregato, que se apodera tiránicamente del trono, se ve imposibilitado, momentáneamente, de continuar la obra de su padre. En 789, a la muerte de Mauregato, será Bermudo, nieto de Pedro de Cantabria, quien ocupe el trono. Sin embargo, éste se ve obligado a abdicar, tras una estrepitosa derrota frente a los musulmanes a orillas del río Burbia, en 791.
Con el regreso al trono de Alfonso II, éste, según demuestran los hechos, retoma el proyecto de su padre relativo a la creación de una sede episcopal en Oviedo. A tales efectos, entre los años 791 y 812, restaura la basílica del Salvador, construida por su padre, acrecentándola, y añadiéndole por el norte una segunda basílica, dedicada a Santa María, y por el sur, una iglesia martirial, consagrada a San Tirso. Estos tres edificios se organizan en iglesia catedral, con diferentes funciones litúrgicas, perteneciendo al modelo conocido como "Catedral doble", o "Grupo catedralicio", por organizarse en dos o más iglesias. Estos templos, con sus edificios de servicio para la vida comunitaria, dotados de abastecimiento de agua, y rodeados por un muro, fueron donados a la Catedral del Salvador y a su obispo Adaulfo,  por Alfonso II en el año 812, estableciéndose así la primera organización urbana de Oviedo: la Civitas Espiscopal.
Además, el rey construyó para sí una villa suburbana (donde residiría, con total seguridad, a partir de 812), al nordeste de Oviedo, que comprendía sus palacios, los baños de Foncalada, además de un monasterio y la iglesia de los santos Julián y Basilisa.

En el año 2010 se ha producido, felizmente, la edición, por parte del Gobierno del Principado de Asturias y la Gran Enciclopedia Asturiana, de la conocida como "Biblia de Danila" (Codex Biblicus Cavensis, Ms. 1 de la abadía de la Santísima Trinidad de Cava dei Tirreni), que la crítica acual, mayoritariamente, identifica con el «librum bibliotheca» mencionado en el Testamentum de 812 (de donación de los templos, atrio, y demás dependencias eclesiásticas), a la Catedral de San Salvador y a su obispo Adaulfo, lo que viene a confirmar, a nuestro juicio, la inequívoca existencia del  episcopado de Oviedo en esta fecha: de 812 datan tanto la biblia donada, elaborada para dicha solemnidad, como el documento de donación, al respecto del cual, al cuestionarse su datación, que la crítica proponía como tardía, se cuestionaba al tiempo la antigüedad de la sede episcopal. Las características presentes en la Biblia de Danila: su rígido aniconismo (manteniendo la vigencia del canon dispuesto al efecto por el Concilio de Elvira, en 306, en la línea de las tendencias anicónicas presentes en las ediciones bíblicas visigóticas); las notables semejanzas con las biblias elaboradas en aquellos mismos días por Teodulfo de Orleáns en el scriptorium de Micy, poco posteriores a las supervisadas por Alcuino de York en el de Tours; influencia en ambos grupos de los más antiguos textos bíblicos ibéricos (Vetus Hispana), en especial de Isidoro de Sevilla y Braulio de Zaragoza; semejanzas textuales: la inclusión en ambos grupos del Libro de Baruch, como suplemento del Libro de Jeremías, los añadidos al Libro de Samuel. Jueces y Eclesiástico; las semejanzas formales: uso de idénticos títulos hebreos de los libros de Antiguo Testamento, y así un largo etcétera...
Así pues, Biblia de Danila y Testamentum de 812 se elaboraron  ambos en el scriptorium ovetense, formando parte de la misma iniciativa. Esta feliz identificación,  pone fin tanto al debate historiográfico acerca de la datación del Testamentum de 812 y consiguiente carácter tardío de la sede episcopal de Oviedo, como entierra definitivamente las corrientes historiográficas que interpretaban Oviedo en clave personalista como una especie de "creación romántica" de una dinastía, para "honrar la memoria" tanto del monarca fundador (Alfonso II, sepultando bajo la mística aureola de éste la memoria del nefando Fruela I), en una interpretación retorcida de la retórica cronística contemporánea a dichas fundaciones, dejando por fin el camino libre a la visión del verdadero carácter de la urbe y metrópoli ovetense: lejos de ser el icono preciosista de una monarquía "quasi-romántica", Oviedo se configura como la sede religiosa, política y administrativa de un Estado, que aspira a restaurar la legitimidad política y religiosa en Hispania. Y esto surge bajo el reinado de Alfonso II, con proyecto de Fruela I, y es aprovechado después por el círculo cortesano de Alfonso III que elabora las Crónicas. Y este aparato estatal, religioso y administrativo, precisa de una sede episcopal, con su correspondiente iglesia catedral -organizada según las pautas de la Catedral Doble según trataremos de desarrollar aquí-, y no de "un conjunto de iglesias para la memoria de un Rey", como alguien, en un ejercicio de fantasía romántica y estéril, ha escrito recientemente.
Pulsar sobre el texto en el plano para ir al monumento o localidadEtapa de Alfonso III, la "Ciuitas Regia": tras la muerte de Alfonso II, sin sucesión, se desata de nuevo la guerra civíl entre los partidarios de Nepociano (perteneciente a la familia alavesa del rey), y el hijo de Bermudo I, Ramiro, quien finalmente triunfa, aunque  sus ocho años de reinado se caracterizan por el continuo temor a las conjuras de los familiares de Alfonso II, y la sistemática persecución y exterminio a que somete a éstos. Las crónicas asturianas, que elogian las obras arquitectónicas levantadas por Ramiro I en la villa regia construída por éste en la falda del monte Naranco (Naurantium), silencian sin embargo cualquier actividad edilicia en Oviedo, lo que ha llevado, a no pocos historiadores, a considerar incluso un abandono de la ciudad.
Sin embargo, su nieto Alfonso III, consta epigráfica y diplomáticamente, como realizador de importantes obras edilicias en Oviedo: una torre-fortaleza, donada a la catedral del Salvador, en la civitas episcopal, y, extramuros de la misma, al noroeste, su propio palacio, calificado como "magno", así como un fuerte castillo urbano, seguramente articulado con una nueva muralla, que englobó y amplió, sobre todo por el sur y el oeste, a la antigua ciudad episcopal.
                                                                                                                                                     

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